Hace unos días, la empresa de preservativos Tulipán emitió un comunicado oficial en sus redes sociales anunciando que, “luego de casi 40 años de invertir en innovación, investigación y desarrollo”, lamentaban informar que se encuentran ante una situación límite: “Ya no sabemos qué hacer para que cojan”.

A la fuerte declaración agregaban que durante todo este tiempo habían trabajado “para mejorar la experiencia sexual con nuevos preservativos, geles íntimos y sextoys”. Y es cierto: “ultrarresistente”, “superfino”, “big”, “control retardante”, “doble placer”, “tatoo”, “neón”, “ultra fino”, “texturado”, “sabor frutilla” y, por supuesto, el “clásico”. Definitivamente, hay preservativos para todos los gustos.

Pero así y todo, concluían diciendo que “existe una variable que ningún laboratorio puede controlar: sus ganas”. Y que “estamos ante una crisis de deseo”, ya que “la generación con más información sobre sexo en toda la historia, es también la que menos lo está practicando”. Entonces, se veían obligados “a evaluar cómo seguir”.

Sexualmente hablando: tengo un secreto

El comunicado no tardó en generar respuestas. Algunos lo interpretaron, sencillamente, como una buena estrategia de marketing para promocionar su nueva fragancia (“Ganas de Cog*r”). Otros opinaron que la situación de la empresa no es más que una muestra de la crisis económica que atraviesa el país (de hecho despidieron, en marzo de este año, al 60% de sus trabajadores).

Y hubo seguidores que aprovecharon para sugerirles que hagan campañas de educación sexual y prevención, fomentando el uso del preservativo. También los instaron a regalar sus productos en escuelas secundarias y hospitales. E incluso les reclamaron que, a su variada oferta, le faltan los preservativos para vaginas y los sin látex, para los alérgicos.

Hace tiempo que distintas investigaciones vienen advirtiendo una suerte de “recesión sexual” progresiva. Por ejemplo: algunas encuestas indican que la edad promedio del debut sexual se ha retrasado y que los “millennials” -es decir, los nacidos entre 1980 y 1994- tienen menos relaciones sexuales que generaciones anteriores.

Sexualmente hablando: corazón roto, más que una metáfora para hablar de dolor emocional

Se especulan distintas causas para esta situación: como telón de fondo, el estrés, generador de los grandes males de este tiempo (depresión, ansiedad); las muchas horas que pasan frente a las pantallas y las redes sociales, en detrimento de los encuentros presenciales; el desinterés que genera una mayor exposición a contenido sexual y a pornografía; o las inseguridades producto de la comparación constante con otros (sobre todo con otros cuerpos)... son sólo algunas de las posibles razones por las que mucha gente ha caído en una especie de letargo sexual.

A partir del “buen día”

Al respecto, el sexólogo argentino Patricio Gómez Di Leva planteó en sus redes que el problema no es “coger menos”, sino que “cada vez las personas se besan menos, se acarician menos, se tocan menos, se abrazan menos, se miran menos a los ojos y tienen menos espacios de intimidad”. Y que, en suma, el problema es “no sentirnos deseados”. Porque “la intimidad no empieza en la cama” sino que “se construye durante el día: en una mirada, en un abrazo, en una conversación, en una caricia, en estar realmente presentes”.

¡Tan cierto! Quizás por eso dicen que el orgasmo de la noche... se construye desde el “buen día” de la mañana.